Una mujer (1988) y El acontecimiento (2000)
Empiezo este pequeño análisis aclarando que no soy una fiel defensora del aborto sino más bien de la vida. Pero cada uno de nosotros vive su libre albedrío según su mirada, y eso no debe de ser objeto de juicio por parte de ningún humano.
Los temas sórdidos siempre me han llamado la atención, y hoy escribiré sobre el aborto usando como fuente principal El acontecimiento y Una mujer, de Annie Ernaux.
El acontecimiento trata el tema del aborto clandestino en la Francia de los años 60, y Una mujer trata sobre la vida de la madre de Annie Ernaux y su relación con ella tras su fallecimiento.
En El acontecimiento, tras haber estado varios días con la sonda, Annie Ernaux finalmente abortó:
“ Sentí unas violentas ganas de hacer caca. Corrí al servicio, al otro lado del pasillo, y me puse de cuclillas delante del retrete (...). Salió como si fuera una granada, con una salpicadura de agua que llegó hasta la puerta. Vi un muñequito colgando de mi sexo al final del cordón rojizo. Nunca hubiera imaginado que pudiera tener forma dentro de mí. (...). Lo tomé en la mano- pesaba extrañamente- y avancé por el pasillo apretándolo entre mis muslos. Me comportaba como un animal.” (46)
Encuentro un paralelismo morboso entre esta escena y un pasaje del Evangelio de San Lucas:
“En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá, y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo, y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” Lucas 1:39-42
En este caso, sin María decir nada, su prima la reconoció embarazada. A muchas mujeres también se les reconoce el embarazo durante los primeros meses por cambios en el rostro. ¿Esto hace que nos preguntemos si realmente hablamos de un conjunto de células que, si se deja el tiempo y espacio necesario, terminará siendo un ser humano, o si ya es un ser humano desde el comienzo, que primero depende de una mujer para venir al mundo?
Hoy en día el aborto está considerado un derecho para la mujer, y NO cuestiono el derecho de cada mujer a decidir sobre su cuerpo, pero deberíamos considerar ¿desde cuándo la sociedad quiere lo mejor para nosotras? Si lo apoyan, es por una causa no necesariamente positiva.
“Es posible que un relato como este provoque irritación o repulsión, o que sea tachado de mal gusto. El hecho de haber vivido algo, sea lo que sea, otorga el derecho imprescriptible de escribir sobre ello. No existe una verdad inferior. Y si no cuento esta experiencia hasta el final, contribuiré a oscurecer la realidad de las mujeres”
Hay una narrativa del cuerpo que, incluso hoy día, tiene repercusiones sociales. Un aborto sigue siendo un tema tabú. A menos que se indague, no es frecuente escuchar comentarios como “he tenido un aborto” o “he abortado”. En cambio, sí que escuchamos comentarios con un tono más naturalizado como “me quedé embarazada a la primera”, cuando es casi más común lo primero. El propio ser humano ha convertido a sus cuerpos en meros instrumentos socializados cuando hemos sido creados para algo más.
Aquí entramos en otro debate: hay dos tipos de leyes, las leyes sociales que restringen y castigan el aborto, y las leyes corporales, que según si se decide dar a luz o abortar siguen un cauce u otro.
Aquí entramos en otro debate: hay dos tipos de leyes, las leyes sociales que restringen y castigan el aborto, y las leyes corporales, que según si se decide dar a luz o abortar siguen un cauce u otro.
De las leyes corporales es importante tener en cuenta 2 factores: hay leyes corporales y leyes emocionales. Las emocionales afectan a hombres y mujeres en grados más o menos similares. Las corporales solamente afectan a las mujeres, que somos el recipiente donde empieza, o termina, la vida.
Otro debate interesante, directamente mencionados en los libros que se analizan: los padres de Annie Ernaux tuvieron una hija antes de tener a Annie, la cual murió siendo pequeña a causa de una enfermedad. En Una mujer se dice que la madre de Annie quería sólo un hijo para poder ofrecerle una mejor vida (estudios, ascenso social, etc) , lo cual, de haber tenido varios, no habría sido posible. La realidad es que para que Annie naciera, su hermana tuvo que morir, ya que sus padres querían tener sólo un hijo. Esta realidad es una cruz para la autora, ya que podemos pensar que su vida surge de la muerte. Concretamente de dos muertes importantes: la de su hermana, que dio pie a que sus padres tuvieran otra hija, y a la de su aborto, el cual la hizo, más adelante, poder casarse con otro hombre y ascender socialmente (esto con un hijo, en aquella época, hubiera sido prácticamente impensable). En el libro de Una Mujer, Annie relata cómo supo de la existencia de su hermana fallecida, y es por una conversación que escucha mientras su madre atiende a una clienta:
“(...) murió como una pequeña santa; dice, mi marido se volvió loco cuando te encontró muerta al volver de su trabajo en las refinerías de Port-Jérôme; no es lo mismo perder a tu compañero; dice de mí no sabe nada, no hemos querido entristecerla. Al final, dice de ti que era más buena que esa. Esa, soy yo.”
Se puede leer entre líneas la culpa que empezará a cargar Ernaux más adelante cuando reflexione sobre la muerte de su hermana, y sobre lo necesario que fue su muerte para que ella, Annie, naciera.
“(...) tengo la sensación de que la mujer que se afana entre mis piernas, que me introduce el espéculo, está haciéndome renacer.
En aquel momento maté a mi madre dentro de mí” (El acontecimiento, 39)
Lo irónico es que Ernaux consigue todas las cosas que su madre deseaba que tuviera a costa de su propia vergüenza y de su propia culpa.
Sobre el conocido como síndrome post-aborto, ¿hasta qué punto una mujer no se siente culpable de haber tomado esa decisión?, ¿es realmente una decisión propia? Oficialmente, el síndrome post-aborto no es considerado un trastorno ni es reconocido por el personal sanitario como una enfermedad, pero al tener repercusiones emocionales se recomienda la asistencia de profesionales de la salud. ¿No es un tema contradictorio?, ¿es necesario tener una tendencia a la depresión, ansiedad u otros trastornos para que termine por desarrollarse una enfermedad latente?, ¿es realmente necesaria la acumulación de tantos traumas hasta el punto de que una persona (mujer, en este caso) llegue a somatizar, y por ende, a considerarse enferma?, ¿dónde está el límite razonable para ello? Es difícil de comprender, incluso para las mujeres que nunca han estado embarazadas, qué se puede sentir en este contexto cuando el aborto es una práctica libre y segura.
La opción de abortar se puede considerar cuando no tienes las condiciones deseadas para ejercer tu maternidad (principalmente a nivel socio-económico). Muchas mujeres abortan porque tener un hijo es muy caro. Otras porque tienen otras prioridades (pueden o no descartar la posibilidad de tener hijos más adelante), y otras porque no quieren ser madres.
La opción de abortar se puede considerar cuando no tienes las condiciones deseadas para ejercer tu maternidad (principalmente a nivel socio-económico). Muchas mujeres abortan porque tener un hijo es muy caro. Otras porque tienen otras prioridades (pueden o no descartar la posibilidad de tener hijos más adelante), y otras porque no quieren ser madres.
El aborto por razones económicas es complejo. Tener hijos es prácticamente un lujo, es una realidad. Pero también lo es comprarse un piso, viajar por el mundo, comprarse el coche de tus sueños. El problema, más que el dinero, son nuestras prioridades. Esta vida es cara, ahora, ¿cómo queremos gastar el dinero? Tenemos la creencia de que es un derecho poder irnos de vacaciones, comprarnos lo que deseemos, vivir como queremos. Pero no estamos siendo conscientes de que, el mero hecho de respirar es un privilegio. Es posible que no puedas ir con tu familia de vacaciones a visitar otros lugares, pero no estamos considerando esos micro momentos del día a día que nos marcan más que los grandes acontecimientos.
Esto lleva al pensamiento de si podemos realmente considerar que nuestro cuerpo es nuestro. Con los métodos anticonceptivos, por ejemplo, vemos que el cuerpo de la mujer sufre de las consecuencias de estar expuesto a hormonas artificiales durante tanto tiempo, pero si queremos prevenir un embarazo, hay que poner barreras, y son métodos más cómodos y económicos. En el supuesto de que tener un hijo sea una decisión mútua (con pareja, amigo, compañero, etc), implica que dos individuos consensuadamente tienen relaciones con el fin de procrear, sin embargo, cuando hablamos de prevención, recae más sobre las mujeres el ser precavidas para evitar un embarazo no deseado. Aunque la decisión de no tener hijos sea mútua (de nuevo, con una pareja, marido, compañero, amigo, etc), no tiene consecuencias sobre el cuerpo de los dos, solo sobre el cuerpo de 1 de los componentes de la pareja. Y dichas consecuencias derivan de una decisión conjunta, por ello afirmamos que nuestros cuerpos no son nuestros, sino que otras personas externas tienen “poder” sobre ellos. En este sentido, son un instrumento social, ya que la decisión de ser o no madre tiene consecuencias vitales, laborales, corporales, familiares y sociales irreversibles. El cuerpo, entonces, se presenta como un archivo donde se guardan nuestras memorias. Annie lo resume de esta manera:
“(...) He tenido que hacer un esfuerzo para escapar del encantamiento de las imágenes y tratar de comprender la ley, esa realidad invisible, abstracta y ausente del recuerdo, que, sin embargo, me impelía a salir a la calle en busca de un médico improbable. Estaba por todas partes, en los eufemismos y las lítotes de mi agenda, en los ojos saltones de Jean T., en los matrimonios forzados, en el filme Los paraguas de Cherburgo, en la vergüenza de las mujeres que abortaban y en la reprobación de las otras. En la imposibilidad absoluta de imaginar que un día las mujeres pudieran decidir abortar libremente(...)” El acontecimiento, 44.
En este pasaje Ernaux apela a un mundo legislativo que habita fuera de ella. Es un mundo incomprensible e intangible, al cual estaba (y seguimos estando) sigilosamente sometida. Se confirma lo mencionado anteriormente: el cuerpo es un instrumento social sometido a leyes desconocidas. No ha sido hasta que la ley se oponía a su voluntad que la ha mirado cara a cara. De nuevo vemos como el embarazo, y posterior aborto, es un condicionamiento para Annie. ¿Habría tenido que casarse forzosamente con alguien para cubrir la vergüenza de su embarazo?, ¿hubiera sido mayor el pesar de casarse con alguien por necesidad que la vergüenza por abortar? Aborto y matrimonio no están separados en este caso. Lo primero dio paso a lo segundo. Hablamos de un matrimonio voluntario, donde la autora no está obligada a casarse porque necesite crear una narrativa de acuerdo con sus circunstancias vitales. Su matrimonio es, en ese sentido, una decisión libre. Con él llega su ascenso social. Este punto es más notable en Una Mujer, cuando encontramos a la madre de Annie preocupada por ascender socialmente. El ascenso conlleva, de manera indirecta, abrazar ese sistema legal el cual le está dando la espalda. Pese a todo, Ernaux toma esa vía y asciende, por sus estudios universitarios, y, sobre todo, por su matrimonio con Philippe Ernaux.
De esta línea temática surge la siguiente pregunta, ¿sirve que el aborto sea legal si no es con buenas condiciones médicas o, como en este caso que se explica, no hay límite de tiempo para practicarlo? Desde una muy limitada experiencia propia, habiendo nacido en un país tercermundista como es Cuba, recuerdo varios ejemplos sobre este tema. María vivía en mi barrio, y había tenido una aventura con un vecino que estaba casado y tenía una hija. Se quedó embarazada, y decidió, con unos seis meses, abortar. Se le practicó el método rivanol, que causa la muerte fetal. Tras dar a luz, vio que el bebé todavía tenía espasmos involuntarios. Pensando que estaba vivo, pidió desesperada que se lo dieran. Pero el hijo de María no tenía vida. El vientre fue su cuna y su tumba.
Otro ejemplo, en mi mismo barrio, Julia usaba el aborto como un método anticonceptivo. Hasta donde sé se ha practicado unos cinco o seis. En una ocasión, Julia tuvo que regresar a la clínica donde se había hecho el aborto ya que le habían dejado el feto dentro del vientre. El médico que le practicó el aborto había quitado la placenta, el cordón, y quién sabe si alguna parte del embrión. El resto lo dejó intacto en su interior.
En el caso de Clara, se quedó embarazada y decidió, juntamente con el padre de la criatura, abortar. Clara se arrepintió de la decisión, pero en su caso, al cabo de unas pocas semanas supo que seguía embarazada. Por lo visto iba a tener gemelos, y el médico que le practicó el aborto sólo le sacó a uno de ellos. El otro seguía vivo, y Clara decidió ser madre.
Podría explicar muchos casos más, incluido el de mi abuela, que abortó voluntariamente, pero lo importante de estas historias es la pregunta que se hace al principio. ¿El aborto legalizado garantiza su buena praxis? Y también, ¿hasta qué punto es lícito abortar voluntariamente cuando pasas de cierta fecha?, ¿hasta qué punto se degrada la vida, y a la mujer, permitiendo esto?
Otro ejemplo, en mi mismo barrio, Julia usaba el aborto como un método anticonceptivo. Hasta donde sé se ha practicado unos cinco o seis. En una ocasión, Julia tuvo que regresar a la clínica donde se había hecho el aborto ya que le habían dejado el feto dentro del vientre. El médico que le practicó el aborto había quitado la placenta, el cordón, y quién sabe si alguna parte del embrión. El resto lo dejó intacto en su interior.
En el caso de Clara, se quedó embarazada y decidió, juntamente con el padre de la criatura, abortar. Clara se arrepintió de la decisión, pero en su caso, al cabo de unas pocas semanas supo que seguía embarazada. Por lo visto iba a tener gemelos, y el médico que le practicó el aborto sólo le sacó a uno de ellos. El otro seguía vivo, y Clara decidió ser madre.
Podría explicar muchos casos más, incluido el de mi abuela, que abortó voluntariamente, pero lo importante de estas historias es la pregunta que se hace al principio. ¿El aborto legalizado garantiza su buena praxis? Y también, ¿hasta qué punto es lícito abortar voluntariamente cuando pasas de cierta fecha?, ¿hasta qué punto se degrada la vida, y a la mujer, permitiendo esto?
Este análisis no es una apología a la maternidad forzada. Ser madre es una elección, no una obligación. Y maternar no implica embarazarse ni dar a luz. Recuerdo, de nuevo en Cuba, el caso de una conocida, Lucía. Lucía se quedó embarazada a los diecisiete años y quiso abortar. Resultó que, en aquella época, tuvieron que cerrar el hospital maternal de la provincia donde vivía porque había una bacteria no controlada, y una muchacha había fallecido por eso cuando le practicaron un legrado. Lucía no pudo abortar y terminó dando a luz a una niña.
Recuerdo que, mientras me contaban su historia, los narradores también hacían comentarios de tal índole como “eso le pasa por abrirse de piernas”, o “es lo que hay”. Seguramente haya olvidado los comentarios más violentos que se hicieron. Esto sólo reafirma la idea de que a veces el mundo se equivoca.
Recuerdo que, mientras me contaban su historia, los narradores también hacían comentarios de tal índole como “eso le pasa por abrirse de piernas”, o “es lo que hay”. Seguramente haya olvidado los comentarios más violentos que se hicieron. Esto sólo reafirma la idea de que a veces el mundo se equivoca.
Sólo Amanda